Maradona, una gambeta para el purismo interseccional

No me gusta sumarme a los epitafios públicos, a esos que abundan en las redes sociales cuando muere una “celebrity”, quiero pensar que esta negativa en mi caso va de entender que la muerte y el duelo no son cosa pública, sino comunitaria, porque es también la muerte uno de los comunes, por cierto de los que tampoco escapa a la privatización en manos de la industria funeraria. Sin embargo, el reciente fallecimiento de Maradona me ha tomado por sorpresa, pero no por su muerte en sí, sino porque ha significado una revelación de las profundas contradicciones no asumidas por los purismos de lo que ya me viene pareciendo una suerte de posmodernismo interseccional amparado con una retórica antirracista y decolonial.

Si la muerte de Maradona llama mi atención es por lo que nos muestra, para ello me pregunto por qué causa tanto debate, por qué es detestado por unos e idolatrado por otros. Mi primera respuesta a esto tiene que ver inevitablemente con que Maradona fue una zurda impostura, fue una gambeta tanto para quienes ejercen fetichistamente el poder, como para esos que ejercen puristamente la crítica a ese ejercicio del poder. Y es de estos últimos de los que quiero hablar, los otros ya los conocemos.

Horas después de conocida la noticia las redes sociales resultaron en una avalancha de comentarios por parte de quienes sienten esta muerte como suya, pero al mismo tiempo no han faltado quienes, desde algunos feminismos, rápidamente se dedicaron a mostrar la oscuridad de Maradona, si machismo, misoginia. Con argumentos pontificios evitan los claroscuros, pero en sus argumentos habita una verdad tan irrefutable como abstracta. Por supuesto estas dos visiones de un mismo ser humano fueron el caldo perfecto para un complejo debate.

Referencias del movimiento antirracista y del feminismo decolonial como Yuderkis Espinosa señalaban cuestiones fundamentales para este debate, por ejemplo,  “Vivir la contradicción y estar del lado del pueblo, siempre, siempre. Llorar con las madres de la villa que sienten haber perdido un hijo… Este es el límite en donde queda claro ese lugar inhóspito, aporético, gris de la intersección. Aquí es donde sabemos quienes solo la ven desde afuera, desde el otro lado de la línea  que fragmenta el mundo en el “nosotrasc las de la consciencia clara y “el resto” – inconsciente, oscuro, sucio, contaminado”… Ese “resto” – que son mayoría- son las mismas condenadas de siempre, ellas, nos-otras, las contaminadas, las pueblo… Las que lloran al hijo ladrón, delincuente, macho – da igual- con olor a pueblo… Maradona”

En mi opinión (masculina cómo alguien me sugirió) lo que aprendo de estas palabras es que quienes presumen pulcritud ideológica, eluden habitar la contradicción. como si de ángeles se tratase no hacen más que reproducir el racismo/clasismo de clase media, ese con el que se castiga a las madres del pueblo cuando al llorar por su hijo delincuente salen buenas costumbres y le recuerdan que éste era un criminal. Porque aquello que no entienden quienes salen a crucificar a un ser humano que, como dijera el comentarista deportivo Alex Candal, estaba muerto hace mucho tiempo, lo que no sabe Candal (o no quiere saber) es que esta más vivo que nunca. A Maradona como a muchos otros lo intentaron matar, como lo han hecho con un Gandhi edulcorado por los ingleses, el Mandela héroe de quienes antes lo ficharon como terrorista, pero Maradona les fue esquivo, uso la zurda para quebrar sus cinturas esclerotizadas por el fetichismo. 

Quienes lloran junto y con el pueblo no ignoran que D10s tenía su lado oscuro, pero como la madre llora a su hijo porque es suyo, muchos y muchas lo hacen por Maradona.

Debo decir que lo que me ha impulsado a escribir estas líneas fueron las palabras de Richy Villegas, un buen amigo en Venezuela, si la de Chávez. Fue él quien me hizo ver que quienes hoy salen a poner el dedo en las sombras de Maradona, lo hacen de la misma manera a como se interviene desde ciertas izquierdas en la realidad política latinoamericana. Gracias a Richy recordé inmediatamente cómo en el momento escatolólogico del golpe de Estado en Bolivia, hace poco más de año muchas de las voces que hoy proclaman “detestar al macho” villero, salieron con el mismo tono litúrgico a justificar un golpe de Estado, ya que este era provocado por el propio macho Evo Morales.

En nombre de no se que feminismo se banaliza un golpe de estado, y un año después se banaliza el dolor de quienes lloran a Maradona. Se trata de más de lo mismo, hablar en nombre de lo común, cuando hablan de la muerte como algo público, privatizando la experiencia vital de una persona al despojarla de toda historicidad, y lo más problemático de todo ello, haciendo gala de su internacionalismo abstracto. Por eso no comprenden que Houria Boutledja, citando a Olivier Pironet hable del pelusa señalando que ′El genio del futbol argentino Diego Maradona acaba de morir. Para rendirle homenaje, se desprende de detrás de los fagots un papel sobre sus compromisos socialistas y antiimperialistas – sin olvidar su apoyo a Palestina -, que eran excepciones en el universo del balón redondo. Q.E.P.D ′′ Pibe de Oro “.

No pueden comprenderlo porque su crítica es solo purismo moralista, de lo contrario podrían caer en cuenta que la verdadera interseccionalidad implica historizar la lucha, así quizás comprendan que la cita de Houria Boutledja no es en abstracto, quizás se enteren que resaltar el compromiso de Maradona con la causa del pueblo palestino, y no su machismo, es un ponerse delante de la carta escrita por Macron, en la que no dudo en hacer referencia de la relación del villero con Fidel Castro y Hugo Chávez. Por que como dice Richy el debate sobre el Diego es otro, “porque lo que se debate es la postura de algunas feministas para en el momento de la muerte de Diego no empatizar con el sentimiento popular, por el contrario aprovechar la situación para señalar, fundamentalmente al Maradona machista, al Maradona pederasta, al Maradona misógino”

Y es que Maradona es una figura polémica no por drogadicto, pederasta o misógino, de estos abundan y el mundo no se horroriza, todo lo contrario hasta homenajes se les hacen, sino porque Maradona molestaba a esos que detentan fetichistamente el poder, porque era villero, porque era del sur. Si Maradona hubiera sido inglés, admirador de Ronald Reagan y miembro emblemático de los Beatles, nadie estaría gritando a los cuatro vientos las verdades oscuras de Maradona. Si no han pillado la cuestión, el ejemplo es real, se trata de John Lennon, quien abandonó a su primer hijo, el icono pop de la generación de Woodstock abandonó a su primera esposa cuando esta estaba embarazada. pasaron casi dos décadas para siquiera hablar con su hijo. Ya veremos el próximo 8 de diciembre cuando sea el aniversario número 40 de su asesinato si el interseccionalismo abstracto sale a condenar la figura de Lennon.

Pero dejemos a Lennon en paz un rato, ya vendrá el momento de escribir sobre él, me interesa ahora resaltar la increíble la simetría con la que se habla de Maradona y de Evo morales desde el insterseccionalimo abstracto, y es que se trata de puro moralismo (y ya sabemos lo que esto tiene de reaccionario), al punto de que se han dejado ver comentarios por las redes sociales que invitan “hacer un balance crítico de la figura de Maradona”, ¿de verdad? Siguiendo con Yuderkis, ¿le pedirías a esa madre villera que hiciera balance crítico sobre la figura de su hijo mientras aún está caliente su cadáver? En este sentido, me quedo con lo señala Adriana Carrasco: “¿Por qué produce tanto rechazo a las feministas el machismo de Maradona? ¿Por qué produce menos rechazo en términos feministas el despojo estructural que causó Mauricio Macri y la banda de fugadores seriales de divisas, y no se llega a leer como violencia machista el saqueo del Estado? Mauricio Macri y los fugadores, ¿habrán abandonado hijes? No sabemos. ¿Habrán consumido prostitución adolescente? No sabemos. No son racializados, eso sí sabemos.”

Allí está el detalle. cómo diría Mario Moreno, no es lo mismo ser un violador racializado, que un violador en la cima del complejo jerárquico del mundo moderno, como no es lo mismo ser un menor no acompañado acusado de agresión sexual que ser Placido Domingo, este último tiene el privilegio de la duda, legitima defensa, presunción de inocencia, pero si se es un MENA nada de esto existe, son culpables antes de que se demuestre, no irán a juicio en libertad porque su peligrosidad se da por hecho. No es lo mismo ser Maradona que ser Bill Clinton.

Así que vale contrastar al caballero de la FIFA, Pelé, de origen humilde, quien prefirio ser el Tio Tom de la mafia a la que Maradona optó por denunciar, decisión que le ha valido al primero un tratamiento ejemplar por parte de la prensa mundial, sobre todo cuando se trata las denuncias de su expareja, la brasilera Xuxa. Pero es que claro Pelé no hace ruido, no representa una amenaza, es la imagen del pobre que cumple su sueño de encajar en los marcos de una elite que en el fondo los desprecia a los dos. El brasilero una atracción del circo, Maradona un tipo molesto, al que había que destruir, y claro motivos no faltaron, ni faltarán, el pibe los tenia todos.

Al final de cuenta lo importante de todo esto es cómo nos vemos reflejados en ello, es la pregunta que también hace Richy ¿Cómo se posiciona uno decolonialmente ante las contradicciones del Diego?, pregunta fundamental porque en el fondo no se trata de Maradona, sino de lo que la pregunta señala sobre uno mismo, ¿es decolonial, interseccional y antirracista deshistorizar al pibe de villa pobreza?, ¿es pensamiento crítico no binario la crítica moral que es siempre abstracta, que se señala sin asumir, a veces ni de manera retórica, las contradicciones propias de quien emite el juicio? No se trata de una cuestión irrelevante, se trata de una cuestión política. 

Por eso rescato las palabras de Georgina Orellano Ammar “Cuándo abandonaremos esa mezquina costumbre de ponerse la gorra rápidamente, celebrar o anular el dolor popular, de subirse al patrullero para dar consejos desde un feminismo tan antipopular  e inhumano… A las que plantean un día como hoy la distancia, celebración o cancelación las prefiero lejos, me permito vivir en la puta contradicción sin individualizar en una persona un problema social que es estructural y cultural.”

A propósito de Pensar Distinto, Pensar De(s)colonial

Luego de hace unos días haber presentado, en la Feria Internacional del Libro de Venezuela (FILVEN 2020), la compilación titulada Pensar Distinto, Pensar De(s)colonial, he recibido una serie de comentarios que interpelan mi posicionamiento político en lo que respecta a Venezuela, pero también a Bolivia. Se trata de quienes parecen preocupados porque haya cambiado de opinión, ya que les resulta incomprensible que, luego de mi crítica al “Tonto y los canallas de Santiago Castro-Gómez, yo aparezca compilando un libro que abre con un artículo de suyo, también parece haber llamado la atención que en dicho libro este incorporada C. Walsh, sobre todo por mi activismo contrario a los intelectuales de(s)coloniales que se movilizan firmando documentos, o manifestando su acuerdo con algunos comunicados, en particular en lo que toca a la actitud preocupante de que su movilización siempre ocurre en simultáneo con las acciones coordinadas por el Departamento de Estado, la OEA y la oposición venezolana, pero también en contra de todo lo que ellos han llamado los gobiernos progresistas.

En tal sentido, para quien puede tener alguna duda, diré dos cosas. La primera, el libro en cuestión se gestó hace varios años, digamos es anterior a mi lectura de la mencionada obra de Castro-Gómez, y como resultado de los problemas de recursos que, en el sector editorial, ha generado el bloqueo económico al país agenciado por Estados Unidos su salida se retrasó un montón. Pero además, aunque pueda parecer que no es necesario decirlo, se ha de saber que porque compilé el texto no quiere decir que estoy de acuerdo o en sintonía con todo lo que se presenta en cada uno de los trabajos allí contenidos, bastaría con leer el material que escribí en el mismo libro junto a Rebeca Gregson para hacerse una impresión de las diferencias (por cierto, para quienes lo lean, el retraso de la publicación también explica lo extemporáneas de alguna de nuestras afirmaciones, aunque la reconstrucción que hacemos creemos sigue vigente)

A quienes me han escrito (y a los que no también) les digo que en este caso a los comentarios les viene bien el dicho “no juzguen el libro por su portada”, y si les ha causado tanto interés pues miren este sábado el relanzamiento del libro Encuentro Descoloniales. Memorias de la primera escuela de pensamiento crítico descolonial (https://www.youtube.com/watch?v=4TVkiDXx58o), donde, también en el marco de la FILVEN 2020, estaremos junto a Ramón Grosfoguel conversando sobre el impacto que ha tenido la política venezolana, en particular la Escuela de Pensamiento Crítico Descolonial de Caracas, en el debate entre aquello que durante un momento se planteó como la red modernidad/colonialidad.

Agrego algunos enlaces que pueden ser de interés

Del giro a la deriva decolonial:

https://decolonial.wordpress.com/2020/04/02/del-giro-a-la-deriva-descolonial-a-proposito-del-tonto-y-los-canallas-2-2/Encuentro Descoloniales. Memorias de la primera escuela de pensamiento crítico descolonial (PDF) https://www.academia.edu/37691412/Encuentros_descoloniales

Ciclismo, eco-influencers y el pantanoso idealismo del “territorio”

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Una de las característica con las que I. Wallerstein y A. Quijano describen la modernidad en su artículo “La americanidad como concepto o América en el moderno sistema mundial” es la idolatría por la novedad, cuestión que en la última década hemos visto cómo ha llegado hasta el paroxismo producto de la instantaneidad que las redes sociales le imponen a la realidad, un mundo donde la duración es obsoleta, y en el que la perplejidad que produce el COVID radica, entre otras cosas, en que un virus tiene diez meses ocupando todos los noticieros, es decir, estamos ante una noticia que se niega a sucumbir.

En este contexto vemos como algunos intelectuales en América Latina se decantan por la idolatría y construyen una comunidad de “followers” que están siempre prestos a “viralizar” algún neologismo, esos con los que pretenden presentarnos una realidad que ya no es líquida, sino instantánea. Se trata de quienes no tardaron en imponer hace una década el marco interpretativo sobre “el fin de ciclo progresista en América Latina”, decretando así la muerte anunciada de los procesos que fueron abiertos por las transformaciones ocurridas en la región a partir de 1998. 

La idea de que un ciclo había terminado, al margen de la precaria o inexistente definición de lo que un ciclo es, les permitió asumir la pretensión de ser la vanguardia intelectual de América Latina, usando el mismo argumento con el que las derechas presentaban estos procesos como los grandes responsables de la polarización política, olvidaban que la polarización es una dinámica estructural de una economía política polarizante que produce un polo minúsculo que acumula más del 80% de la riqueza mundial, mientras que condena a la inmensa mayoría a la precariedad y la muerte. 

Desde la crítica a la polarización han devenido en los autonombrados adalides del anti-binarismo, fórmula que usan para asumir una posición formalmente equidistante frente a cuestiones como el papel que tiene la extrema derecha regional en las medidas coercitivas contra Venezuela, las flagrantes intervenciones en golpes de estado y el papel de la OEA como Ministerio de Colonias de los Estados Unidos.  La guinda es sus posiciones la presentan desde un idealismo autonomista que, desde una reducción “ecologista”, aplaude cualquier coyuntura que ponga en cuestión la legitimidad de los proceso que ellos han ayudado a bautizar como el “ciclo progresista”.

Se trata de un discurso anti-binario algo extraño, rechazan lo que llaman el binarismo imperialismo/antiimperialismo, sin embargo, no les representa ningún problema imponer el binarismo territorialismo/estatismo. Su discurso pretende siempre aleccionar sobre lo compleja de la realidad, y de manera condescendiente se preocupan por cómo el binarismo imperio/imperialismo es una cuestión del siglo XX, argumentando que es la repetición de los errores de esa izquierda no auto-crítica. Su relato es un binarismo anti-binario de vanguardia

La más reciente de esas coyunturas los lanzó  a cuestionar la cualificación de golpe de estado a lo ocurrido en Bolivia a finales de 2019. Hipótesis lo llamaron, para inmediatamente señalar que lo ocurrido a Evo Morales era resultado de sus propias actuaciones, es decir, que el dúo Morales-Lineras serían los responsables del golpe contra ellos mismos.  Ninguno puso en duda las afirmaciones de fraude electoral, se sumaron a la propaganda del secretario general de la OEA, nada dijeron cuando, a lo largo de este año, muchos centros de investigación demostraron que dicho fraude nunca existió. 

Recientemente Raúl Zibechi, quien se encuentra entre los eco-influencers, ha sido de los primeros en lanzarse al ruedo de la novedad, lo hace recuperando o recurriendo a la “metáfora” del “ciclo”, para él los resultados electorales abren “un nuevo ciclo”. Obviando el factor analítico que implica la metáfora ciclista, como otrora ya hiciera la eufórica circunspección de los fin-ciclistas, se vuelve a usar la misma carta porque eso permite salvaguardar su equidistancia, y claro si ahora se inicia un ciclo, lo normal es esperar que el mismo más tarde que temprano tenga un final, un punto de llegada inevitable que ya se encargaran de anunciar las voces de estos eco-influencers.

Zibechi comienza citando un fragmento de las primeras declaraciones de Arce, allí donde éste indica «Vamos a construir un gobierno de unidad nacional, vamos a trabajar y vamos a reconducir el proceso de cambio sin odios y aprendiendo y superando los errores como Movimiento al Socialismo [MAS]». Una afirmación que le viene bien al ciclismo, sobre todo por aquello de usar la excusa de la autocrítica para no enfrentar el golpe de estado. Así, por más que ahora intenten correr hacia adelante, les ocurre como el dicho venozolano, por más que se tongonee siempre se le ve el bojote, lo que quiere decir que por más malabarismo retórico al final no hay que hilar muy fino para encontrar en qué consiste su binarismo equidistante.

Tras citar a Arce, el argumento realiza su primer recorrido señalando que “Esas declaraciones encarnan lo que siente una parte del 52 por ciento del electorado que el domingo 18 votó por la candidatura Arce-Choquehuanca”, por su puesto una obviedad, que una parte del electorado (que no sabemos cuál es) sienten lo mismo, pero más lo que se revela posteriormente ya coloca el argumento el letras mayúsculas “De primar ese sentimiento, es posible que Bolivia se encamine ahora en una dirección distinta a la que predominó durante los gobiernos de Morales-García Linera y, en especial, durante el año en que gobernó Jeanine Áñez”

En solo párrafo, el primero del artículo, Zibechi realiza una afirmación en la que iguala, de manera “especial”, el gobierno Morales-Garcia Linera con el gobierno surgido tras un golpe de estado, el sentimiento al que se refiere le permite no tener que asumir lo que ya ha sido dicho por múltiples organizaciones y centros de investigación, no hay pruebas de que hubiese ocurrido aquel fraude que sirvió de argumento tanto para el golpe de estado, como para no posicionarse en contra del mismo. El argumento parece suponer que dado el fraude, los resultados electorales de los candidatos Morales-Garcia Linera no fueron los que fueron, porque de lo contrario su imaginación debería dirigirse hacía otros argumentos, si no partimos de que hubo un fraude, la interpretación de los resultados electorales serían muy distinta a la que propone.

Para los argumentos de estos eco-influencers aplica la máxima de ‘lo que importa es lo que viene después del ‘pero’. Y en este caso es más que llamativo, ya que el sus ‘peros’ contrasta con las banderas anti-patriarcales, las cuales por cierto han sido usadas como parte de los argumentos para, en su momento, colocar comillas al golpe de estado. 

Otra cuestión que llama la atención es que referentes de los feminismos en la región, tal como lo es Rita Segato, utilizan los argumentos del violador para no hablar ni de la violación, ni de la víctima. Se que hay quien dirá que no son realidades extrapolables, pero justo porque hay a quien así le parece, es que lo son, porque así como una violación no es explicaba bajo el argumento de “ella se lo busco, ella lo provocó con su caminar, con su ropa, etc.”, tampoco debe admitirse la justificación tibia de una golpe de estado bajo el mantra de la complejidad. Parece que cuando se da un golpe de estado contra un gobierno de los que llaman progresistas se les olvida que “la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía”

En este sentido, los argumentos de los eco-influencers terminan por parecer naive, sobre todo si no se parte desde la mala fe, de lo contrario nos preguntaremos por qué solo se movilizan cuando los gobiernos “progresistas” están contra la pared, tal como lo hicieran en el caso de Bolivia, pero también que como lo hacen sistemáticamente en el caso venezolano. Y es que no se puede ser menos que naive si se piensa que los golpes de estado se producen en la medida en la que estos gobiernos ha extendido la frontera del extractivismo a limites catastróficos. Será que estos intelectuales creen que si estos gobiernos hubiesen hecho políticas anti-extractivismo las élites regionales no hubiesen transitado por la vía del golpismo.

Por quién doblan las campanas cuando cae un monumento colonial

El imaginario colonial del mundo moderno nos hace convivir con la realidad como si esta no debiera cualificarse desde la conflictividad, es la retórica de los equilibrios, los buenos modos y los lugares comunes de un pacifismo naive. Se trata de un relato a partir del cual se establece la impronta de una normalidad metafísica, inexistente empíricamente, con la que los países del norte global declaran guerras en el sur, disputan sus intereses desposeyendo a las grandes mayorías del planeta, una normalidad que no es tematiza como violenta, sino como el encausamiento justo y democrático de la voluntad de una humanidad siempre blanca, inmaculada, cristianocéntrica y masculina.

Cuando esa normalidad metafísica es interrumpida por la exposición mediática de la violencia estructural, esa que sostiene el sistema de privilegios de quienes habitan la zona del ser, dicha aparición debe ser domesticada, su aparecer a la vez que se condena requiere la matización de su recurrencia. Será el momento de “complejizar” la realidad, se apilan justificaciones al régimen de violencia, se repiten “argumentos” como el de “no todos los policías son racistas”, se obviara la abrumadora y sistemática aplicación de perfiles étnicos en los controles policiales, los miles de muertos provocados por los regímenes de extranjería con los que se amuralla el norte global, etc.

El giro con el que los medios de comunicación y la clase política trataran la cuestión obedece a la necesidad de restaurar, en sus consumidores, la confianza perdida. Se trata de evitar cualquier sospecha sobre el sistema de privilegios y su sostenimiento a partir de dispositivos de clasificación racial. Es por ello que a la imagen de la muerte física de una persona racializada contraponen la respuesta, en legitima defensa, que realizan las comunidades afectadas, una forma de posicionarse desde una neutralidad también metafísica, y que oculta su incomprensión del mundo que produce los privilegios que ostentan. Lo que vemos es la típica formula de “esto no, pero esto tampoco”-

Pero la cuestión se torna más complicada cuando los movimientos antirracistas pasan de enfrentar a las fuerzas policiales de racialización, y apuntan hacía los símbolos del sistema que estas fuerzas defienden. Al tocar los símbolos coloniales que constituyen la identidad de esa clase mediática y política, comenzamos a ver justamente el carácter metafísico de su neutralidad, porque tumbar la estatua de un señor que se hizo rico con la trata de esclavos les ofende, como les ofende que se planteé echar abajo los monumentos de Colon o que se les interpelé porque celebran el genocidio iniciado el 12 de octubre de 1492.

Su malestar lo genera no la caída de la estatua en sí, ya vimos que nada dijeron sobre la destrucción echa por Estados Unidos en Irak, aquello que les molesta es que quedan al desnudo, sus prejuicios muestran justo aquello que defienden: el sistema racista que sostiene sus privilegios. Quienes ven con estupor la “vandalización” de monumentos no se atreven a denunciar el saqueo al sur global con el que llenaron sus museos, establecimientos que se convierten además en fuentes de atracción turística, y por lo tanto de ingresos para el norte global.

Su malestar radica en que cuando se derriba la estatua, de un esclavista como Colston, se plantea la urgente necesidad de derribar los privilegios que hicieron posible Bristol, porque cuando se amenaza con “vandalizar” los monumentos a Colon, también se amenaza el sistema de privilegios que une a la elite criolla en América Latina con la elite española.

Pero juguemos un poco a la ciencia ficción, supongamos que en un universo paralelo Hitler ganó la guerra, supongamos que por el mundo abundan monumentos a Hitler, que las facultades de periodismo y/o comunicación son decoradas con monumentos a J. Geobbels, preguntemos que pasaría en ese universo paralelo si la comunidad judía “vandaliza” esos monumentos.

Lo que sucede es que no hay que inventarse mundos paralelos, ya vimos cómo se tematizó la salida de los restos de F. Franco del Valle de los Caídos, ya hemos escuchado a los dirigentes de VOX plantear un homenaje a Hernán Cortés, y la historia nos enseña que si eres Haití debes indemnizar al colono, pero si eres Alemania todo se esta permitido.

Por todo esto, y más, solo me queda decir (por ahora) que si como afirmaba John Donne  «La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad, por eso nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti», que cuando se trata de colonialismo las campanas nunca suenan por nosotros, los pueblos racializados del sur global, las campanas solo suenan cuando un hombre muerte, cuando un ser humano es asesinado, pero nosotros, nosotras y nosotres nunca lo hemos sido.

Las campanas no sonaran por mí, porque por mi que caigan las campanas…

“Que nadie quede atrás” Una metáfora para encubrir una metonimia

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Hace unos meses tuve la oportunidad de escuchar a Oyeronke Oyewumi explicar como en el mundo Yoruba la noción de propiedad esta íntimamente ligada a la noción de tiempo… El ejemplo que presentó asalta mis sentidos y me hace reflexionar sobre como la “pandemia” nos muestra incluso los límites metafísicos de la civilización occidental.
Ella explicaba que para el mundo Yoruba el territorio pertenece a los muchos que ya no están, a los pocos que estamos y los muchos que están por venir, por lo que no puede existir la propiedad privada, ya que ésta no es otra cosa sino la privación para aquellos muchos que ya no están, así como para aquellos que vendrán. De modo que la temporalidad de la propiedad se vive en un “presente” que contiene en sí lo que el lenguaje lineal de la temporalidad occidental llama pasado y futuro.
Esto me ha hecho mirar que uno de los problemas fundamentales que deja ver la “pandemia” es cómo nos escuece vital y existancialmente tener que “parar”, porque detenernos es dejar de avanzar, es ponerse en movimiento siempre hacia adelante. Sin embargo esto es algo que contrasta con la formula que se ha popularizado por parte de algunos gobiernos la oración “que nadie quede atrás”, y contrasta porque el quedarse atrás siempre ocurre en referencia a aquel “cuerpo” que se supone a seguido su curso hacia adelante, su movimiento, es decir, quedarse atrás nos habla de que hay una otra caso que no deja de moverse aunque nuestros cuerpos están retenidos y/o detenidos en casa, es decir que esto significa que nos estamos moviendo o ese algo que se mueve no se detiene a esperar por nosotrxs.
Pero, “que no se que nadie atrás” ha seguido su curso, se ha tomado con total naturalidad, con la naturalidad con la que se estima toda declaración de intención, si se trata claro está de una buena intención. Pero no hemos tenido tiempo de dimensionar lo que ésta declaración de buena voluntad supone, lo que esta en juego en esa frase es justo la linealidad en la que transcurre subjetiva y facticamente la vida en el capitalismo, se trata de la carrera en la linea de producción, en la relación entre trabajo socialmente necesario y tiempo de trabajo socialmente necesario.
Al no comprender esto los gobiernos lo que han hecho es construir obstáculos al movimiento social, llegando incluso en días recientes a someter a procedimientos sancionatorios a colectivos como La Red de apoyo mutuo de migrantes colectivo al que le fue impueste una multa por 60.000 euros por “violar” el confinamiento para realizar labores de entrega de alimentos a personas y colectivos vulnerables en Barcelona. Un hecho que contrasta con lo que han hecho sobre el movimiento del capital, porque mientras miles de personas se van quedando atrás en el paro, en hospitales o en cunetas según el lado de la linea abismal que se habite, el capital sigue su movimiento lineal en los mercados financieros, y la extrema derecha se muestra tal cual es exigiendo que el Estado asuma los salarios de todos los trabajadores en pro de que las empresas puedan continuar una carrera en la que, para aligerar carga, los ancianos y las mujeres ocupan las primeras plazas cuando se trata de a quién arrojar del tren, tal y como hemos visto en los paraísos nórdicos estos días.
Se trata de una tragedia en la que nosotrxs terminamos por sacar pecho para enfrentar las angustias que produce la linealidad del tiempo de la acumulación, de un tiempo diacrónico cuya existencia sincrética se realiza como sumatoria, lo cual no es otra cosa sino la introyección subjetiva de la necesidad autopoiética del capital proyectada como voluntad general.
Es por ello que la metáfora del “quedarse atrás” pone en claro que no se trata más que de la mascarilla que se lo ha puesto a una metonimia, el nadie oculta una sinécdoque en la que la parte (el mercado) se toma por el todo (la vida), y cuando se trata de la vida la incapacidad de quienes han sucumbido a la alternativa del totalitarismo del mercado nos hace recordar aquel juego de cuando eramos niños… !Los de adelante corren mucho, los de atrás se quedarán, se quedarán¡ Porque cuando se trata de la vida si que no hay alternativa, ya que la alternativa a ésta es la muerte.

Del Giro a la deriva descolonial: a propósito del Tonto y los Canallas (2)

El giro y sus tres raíces

En el actual estado de la situación existe una disputa entre algunas de las caras más visibles de giro descolonial, la misma se ha venido centrando en torno al origen o las raíces de las que se extrae o se parte para fundamentar el origen colonial de la modernidad. Algunos (C. Walsh y Walter Mignolo) han planteado la disputa en el ámbito exclusivamente de la autoría, es decir, quien acuñó el término colonialidad, mientras que en este caso planteamos que se trata no de negar el aporte que hiciera A. Quijano, sino de la justicia epistémica para con las tradiciones que históricamente han reclamado la relación entre capitalismo y racismo.

Nuestro interés, es plantear que esta disputa es el aparecer de contradicciones fundamentales del descolonialismo histórico, y que dichas contradicciones pueden rastrearse, al menos, en la forma en la que su emergencia ha sido descrita por algunos de sus protagonistas. La crítica descolonial en sus primeros momentos hizo frente a tres crisis político-intelectuales que constituyeron la atmósfera de la encrucijada en la que entró la izquierda a finales de la década de los ´80 y los ´90 del siglo XX. 

 

  • La crítica/crisis posmoderna. Tradicionalmente descrita como la respuesta a la entrada en crisis de la modernidad, siendo más acertado tomarla como la crisis de la izquierda europea, en especial la francesa. Una crisis político-intelectual transitada por los hijos de la Segunda Guerra Mundial, de la ocupación Nazi, los campos de concentración, los Gulags. Una izquierda que quedó huérfana, sin horizonte, luego de que se hicieran públicos los horrores del Estalinismo, y derrotada tras su apuesta en el mayo del 68, un izquierda sin proyecto, que encontró en la negación de la modernidad su única opción, una crítica que no partió de negar la negación que produjo a la modernidad, de modo que, como ha planteado recientemente el filósofo boliviano J.J Bautista, la crítica posmoderna terminó confundiendo la razón como facultad humana con la racionalidad occidental, por ello quedó atrapada por el eurocentrismo, no siendo capaz de producir/armar un proyecto político alternativo. La crítica posmoderna produjo la crisis posmoderna, la imposibilidad de trascender el momento negativo de la deconstrucción del orden vigente y así pasar al momento positivo de la construcción. Es la versión epistémica del There is no alternative! que caracteriza al giro neoliberal.
  • La caída del muro del Berlín, colapso de la Unión Soviética, crisis del socialismo-marxismo realmente existente. El derrumbe de los socialismo realmente-existentes, la crisis “moral” que supuso internalizar los desastres al interior de la Unión Soviética, siendo el escenario donde se desarrollaba la crítica/crisis posmoderna, sirvió de excusa para la despolitización de la actividad intelectual, el compromiso de la teoría con la destrucción del orden vigente y la construcción de un orden otro termino empañado por la acción de intelectuales que fueron abandonando a su suerte a los partidos políticos. Aquella época en la que el intelectual y/o académico hacía vida al interior de las universidades, mientras formaba parte de partidos políticos, y buscaban disputar el Estado a los partidos de derecha, había quedado en el pasado. Ahora la situación venía a ser la de intelectuales que se refugiaban al interior de las universidades y se enajenan de las disputas por el Estado. 
  • El quinto centenario de la invasión/invención de América en 1992. Éste ha sido el gran hito de las trayectorias del giro descolonial, se trata de la disputa en torno al ser latinoamericano. El intento, por parte del colonialismo españolista, y sus corifeos globales, de celebrar los quinientos años de la llegada de Cristóbal Colón a tierras que luego serán llamadas América, la pretensión de convertir el “descubrimiento” en una fiesta global que, amparada en el discurso del encuentro entre dos mundos, ocultaba el carácter genocida de la invasión a este continente, mientras la “tormenta del desierto” avanzaba sobre Irak bajo la excusa del choque de civilizaciones. Los debates, las interpelaciones que hicieran los pueblos indígenas del mundo a la pretensión de festejar un genocidio, en América Latina significaron el retorno a la pregunta por el ser latinoamericano, por su lugar en la historia mundial, por tanto un cuestionamiento de su lugar en la historia de la modernidad. La respuesta a esta pregunta, informada por la crisis posmoderna, la crisis del marxismo y de los socialismos reales, será la crítica descolonial. 

 

Al sortear dicha encrucijada, el quinto centenario se convertiría, a la larga, en el gran referente al momento de rastrear los inicios del giro descolonial. La importancia que tuvo cambiar la geografía y la genealogía de la modernidad, ubicando su origen no dentro del relato heroico que el eurocentrismo se encargó de validar, sino dentro de una trayectoria que mostraba su constitución colonial, terminó por hipertrofiar la presencia de la invasión/invención de América, en detrimento del papel fundante que tuvieron en la constitución de lugar de enunciación descolonial tanto la crítica/crisis posmoderna, como la caída del muro del Berlín, el colapso de la Unión Soviética, y la crisis del socialismo-marxismo realmente existente .

Un ejercicio retrospectivo, permite resaltar que la pregunta sobre el lugar de América Latina en el sistema-mundo, por el concepto de americanidad tal como la formularon Quijano y Wallerstein significó un gran aporte a la crítica al eurocentrismo, a la modernidad y la civilización occidental. No obstante, el énfasis puesto en la invasión/invención de América, informado por el orientalismo característico del llamado análisis de los sistemas-mundo, constituyó un primer límite dentro del giro descolonial. Mientras que el diálogo con el mundo mundo musulmán, la incorporación del lugar de enunciación de la mujer, así como de otros pueblos racializados al interior de europa permitió darse cuenta de que la experiencia atlántica implicaba tan sólo uno de los genocidios/epistemicidios que hicieron posible el despliegue planetario de la civilización occidental y la conformación de su identidad secular.

El límite que ha significado el análisis de los sistemas-mundo deriva en primer lugar de su marcado sesgo economicista. Tal como discute Grosfoguel, tanto Arrighi, como Wallerstein, reproducen la fórmula analítica que separa por un lado a la economía como base estructural y por otro el racismo-sexismo como parte de la superestructura. De igual modo, como muestra Abdenur Prado, el sistema-mundo queda definido por Wallerstein como un sistema-histórico-secular, la larga historia de imbricación entre Cristiandad, Capitalismo y Modernidad no se encuentra por ninguna parte la obra del sociólogo. 

Aquí es importante señalar que, así como la descripción que hace Wallerstein sobre el origen de las ciencias sociales, en el marco del triunfo del liberalismo durante el siglo XIX, está ausente la conformación de las ciencia de la religión, en su relato sobre la conformación del sistema interestatal y de la economía-mundo europea está ausente por completo el Vaticano y los Estados Pontificios. Wallerstein supone de entrada la idea de Europa como un territorio cuya identidad es secular.

Un segundo límite, se deriva de no haber prestado suficiente atención a cómo el derrumbe del socialismo realmente existente informó/constituyó la actitud de los fundadores del giro descolonial para con la política. En este sentido, aunque la identidad de éste se ha venido construyendo en oposición al posmodernismo, la apuesta política de no plantear senderos para construir otro sistema histórico, bajo la excusa de que hacerlo sería reproducir la modernidad, ha hecho a la descolonialidad partícipe de la crisis posmoderna. Confundieron la política moderna con la política como campo de acción humano.

Habiendo identificado que el problema radica en la constitución colonial de la modernidad, y habiendo renegado de Marx, afrontaron la política desde una impronta anarquizante. El giro descolonial adoptó la terminologías de los “nuevos movimientos sociales”, adhiriéndose a experiencias como el Foro Social Mundial. Esta actitud hacia la política y lo político nunca se sintió cómoda teniendo que lidiar con lo que comenzó a ocurrir en la región a partir de 1998, su acercamiento, postura, solidaridad y compromiso partían de otro lugar de enunciación. En tal sentido,  no fueron abundantes los respaldos a los gobiernos del ahora llamado “fin de ciclo progresista”, algunos se conformaron con acompañar, es decir, no involucrarse sino expresar una solidaridad nominal, otros prefirieron guardar silencio y mantenerse al margen. Hoy algunos de los acompañantes han decido dejar de acompañar.

Al mismo tiempo, como identifican Aurea Mota  y Ciriza  ciertas miradas descoloniales tratan la vinculación constitutiva entre colonialidad y modernidad limitados por su latinoamericano-centrismo, que se conjuga con un fundamentalismo crítico que, teniendo como argumento la forma en las que los proyectos de independencia terminaron instrumentalizados por las elites criollas, clausura toda posibilidad de mirar críticamente las utopías y las opciones de futuro que se abrieron en Nuestramérica durante el siglo XIX. Dicha clausura es proyectada hacia el presente cuando desde los primeros años del llamado giro progresista en América Latina, muchos de las caras más visibles del proceso se abstuvieron a la hora de pronunciar su apoyo a éstos. 

La configuración del giro descolonial y sus valoraciones sobre la modernidad sirvieron para observar con sospecha todo aquello que pasaba en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador y Venezuela. Hoy, incluso, esas sospechas se usan como profecías autocumplidas para explicar el “retorno” del neoliberalismo y su realización como fascismo social. Quienes no se comprometieron con los procesos políticos del “giro” a la izquierda se han conformado con observar sus devenires mientras fustigan a la realidad por no corresponder con sus modelos analíticos.   

Entre el crimen y la justicia… Decidir quién ingresa en la UCI

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Decidir a quien se le coloca respirador y a quien no resulta una cuestión para nada fácil, es ante todo un profundo momento ético, por aquello que de ético tiene la preocupación por la vida. Quizás por ello los medios evitan hablar de cómo esto se está haciendo ya en muchos lugares… Decidir sobre la vida cuando hay intereses en disputa es siempre también un problema de justicia, ya lo aprendimos de Salomón, por ello también lo medios deciden no hablar del tema, porque tendrían que hablar de cómo las medidas económicas que se aprueban para “enfrentar” la situación son juicios que deciden entre la vida de unos o la acumulación de otros, no es una cuestión técnica es una cuestión ética y de justicia.

Entiendo la justicia desde la ética como un momento transontológico que habilita la posibilidad de realizar juicios de hecho, me refiero al sentido que le dan Dussel y Hinkelamert a la ética en su relación con la vida. Es decir, no es ético aquello que atenta contra la vida. De allí que siendo la justicia aquello que tiene de justo el acto, lo justo resulta el acto necesario para la existencia de la justicia. El juicio que debe decidir entre dos vidas es un juicio moral injusto, por lo tanto no ético. 

El problema ético lo encontramos en el momento legislativo, en el momento en el que entre el cálculo económico y la vida se decide configurar la ley para la defensa del cálculo económico. Si la ley define “objetivamente” el delito, también configura el origen del crimen, tal como lo plantea Pablo el corazón del crimen es la ley, porque la ley permite que actos criminales se han legales, es decir, no sean delito. De modo que la ley cuando legítima al criminal ya está fetichizada, por lo tanto es una ley que nada tiene que ver con la justicia.

Entiendo entonces que tener que decidir a quién colocar un respirador no es un acto de justicia, aunque sea legal, pero el dilema del médico es moral no ético, el dilema del médico se da al interior de la totalidad del orden vigente, mientras la ética es un criterio que antecede a la totalidad y por tanto permite juzgarla, es decir, emitir juicio sobre ella en tanto que injusta, por ello digo que la decisión es ante todo un momento ético, pero no del médico concreto quien se ve atrapado en un dilema moral. Se trata de un momento ético porque en él se manifiesta precisamente la injusticia sistémica y sistemática, en ella se muestra el rostro de la muerte como la condición fundamental de un sistema injusto.

Por otro lado, el dilema del legislador no es moral, ellos fijan los criterios de legalidad que legitiman la injusticia, por cierto que lo vemos todos estos días en el modo en el que se gestiona desde el parlamento la situación, en el total silencio frente a las demandas de justicia y la absoluta prioridad del orden legal del mercado. Los legisladores fetichizan la justicia haciéndola Ley, porque son ellos los que pueden partir de la ética como criterio, pero por el contrario no parten de lo justo, sino de la “legalidad”,  y ya sabemos que hacen cuando toca decidir entre la justicia y la legalidad. Por último, no toda ley es injusta, pero toda ley que es fetichizada es ya de por sí un crimen, porque en favor de la legalidad sacrifican al justo al fetiche en el que han transformado a la Ley.

Geopolítica de una pandemia…

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Durante estos días de abundan los análisis, artículos y comentarios sobre el golpe que la pandemia provocada por la expansión del COVID-19 estaría propinando a la economía mundo. Entre las muchas ideas vertidas en ordenadores hay las que aparecen como dos caras de la misma moneda, por ejemplo, por un lado S. Zizek, para quien este virus representa la solución final, según éste el capital no podrá inmunizarse, el coronavirus es aquello que ha buscado el filósofo esloveno por tanto tiempo, el marxismo a lo Lacan lleva años promoviendo la desmovilización y esta vez no es diferente, será un virus el que acabe con el orden del capital. Zizek ha encontrado en el nuevo coronavirus su goce, el mismo que lo ha conducido de manera sistemática a denunciar la inutilidad de cualquier movimiento en contra del capital.

En el otro lado encontramos al filósofo surcoreano Byung-Chul Han, quien afirma que Zizek se equivoca  “tras la pandemia, el capitalismo continuará aún con más pujante (…):El virus no vencerá al capitalismo. La revolución viral no llegará a producirse. Ningún virus es capaz de hacer la revolución (…) El virus nos aísla e individualiza. No genera ningún sentimiento colectivo fuerte (…). La solidaridad consistente en guardar distancias mutuas no es una solidaridad que permita soñar con una sociedad distinta, más pacífica, más justa. No podemos dejar la revolución en manos del virus”

Ambos ejercen su papel mediático de filósofos del siglo XXI, tratando de predecir aquello que se consolidará tras la pandemia, siendo fundamental las formas en las que se está gestionando, pero no hay que esperar a que se “derrote” al COVID-19 para entender lo que desde intelectuales y políticos ya se aventuran a llamar un “nuevo orden mundial”. No hay que esperar a que la “pandemia” pase, sencillamente porque el mundo tras la cuarentena lo estamos construyendo hoy, no aparecerá por arte de un virus, y lo que hoy se construye globalmente es un mundo que tras las múltiples y desiguales cuarentenas será mucho más desigual.

Hoy, cuando se aplaude el resquebrajamiento de la ortodoxia austericida del control del déficit y los techos de gasto, cuando Europa abre la posibilidad al endeudamiento sin limitaciones, habría que decir que ese endeudamiento será dirigido de manera exclusiva a que los trabajadores y trabajadoras paguemos los salarios que las empresas no pagarán durante el tiempo que dure la cuarentena. Un endeudamiento que permitirá a Estados como el español hacer frente al más de medio millón de trabajadores y trabajadoras que han sido pasados a expedientes de regulación temporal de empleo. Se trata de un escenario donde además Alemania y Holanda se niegan a que el Banco Central Europeo avale la deuda de los países del Sur de Europa, haciendo muestra del racismo ya conocido.

El coronavirus vuelve a mostrarle a los pueblos de sur de Europa que no son bienvenidos, por ello lo que vemos hasta el momento es la actuación atomizada resultado de una estrategia de sálvese quien que pueda, incluyendo los ires y venires de la señora Lagarde, quien en poco más de 48 horas se vio obligada a ampliar el volumen monetario que se inyectaría desde el Banco Central no como una medida pensada para ampliar la inversión sanitaria de los Estados miembros, sino como respuesta a la respuesta de los mercados ante el monto inicial, no podría esperarse menos de un personaje que mientras estuvo a cargo del FMI declaraba que los mayores debían morir antes porque eran una carga fiscal.

Mientras esto ocurre a un lado del Atlántico, al otro lado nos encontramos con el peor de los escenarios posibles, un virus ya extendido por los Estados Unidos de D. Trump. Un país sin sistema de salud pública que amenaza en convertirse en el foco más importante de la pandemia, que siendo ya el tercer país en afectación, con un comportamiento estadístico que indica su pronto posicionamiento en el segundo lugar, su presidente se niega a tomar las medidas de distanciamiento social que se han tomado en Europa o en China.

La gestión de la pandemia al interior de los Estados Unidos opera en el marco de una batalla geopolítica y geoeconómica con China, y mientras Trump se niega a aceptar la realidad (como siempre) China muestra su capacidad para tener presencia en todos los rincones del planeta,  extendiendo su geopolítica de “cooperación”. Más que destruir al capital, la actual deriva geopolítica de la pandemia está contribuyendo a mostrar que, aunque no llega todavía su fin, las instituciones creadas tras la Segunda Guerra Mundial hoy ya no tienen ningún sentido. 

La Unión Europea, ese cartel gestionado desde el norte para enfrentar el avance de los newcomers asiáticos está mostrando nuevamente su incapacidad para gestionar en común una crisis como la que se atraviesa, el cálculo económico y la línea abismal  que separa al norte de sur de Europa siguen mostrándose hoy cómo los criterios de partida, pero además su objetivo de frenar el avance del “oriente” asiático en territorio europeo, que viene de la otrora comunidad económica, ha sido un total fracaso.

Así mismo vemos al otro lado Atlántico la Organización de Estados Americanos, esa agencia dependiente de la Secretaria de Estado de EEUU, se dedica a reelegir a su principal operador para la desestabilización de gobiernos en la región, Luis Almagro. La OEA no se ha planteado reunirse de emergencia para valorar cómo la expansión del Covid-19 afectará a la región, mucho menos ha propuesto planes para enfrentar de manera conjunta la situación. El coronavirus se expande por una América Latina más desunida que nunca, con mecanismos como UNASUR o la CELAG absolutamente desmantelados o congelados, y ya sabemos que mientras menos cooperación entre los países latinoamericanos más intervención de Estados Unidos en la región.

De modo que lo que presenciamos de ese lado del Atlántico es la misma actuación estatal que endurece las fronteras y la nunca olvidada soberanía, frente a esto como vengo afirmando en otros escritos, la ONU brilla por su ausencia, le han dado la voz cantante a la OMS cómo si la pandemia fuese solo una cuestión técnica que deben resolver los epidemiólogos.

En este sálvese quien pueda los Estados se recluyen cada vez más, lo que presenciamos es una escalada en la competencia intersistémica que ya venía presentándose desde que inició la fase financiera del actual ciclo sistémico de acumulación, los nacionalismo de la extrema derecha europea sacan pecho y aprovechan para hablar de autosuficiencia económica y de la supresión de la atención sanitaria pública para lo que llaman migración ilegal, mientras la izquierda occidentalizada se revuelca en su incapacidad para gestionar la situación al margen de los imperativos del capital.

En América Latina se disputan quien la tiene más grande, quién tomó qué medida primero y quien no tomará ninguna, estos últimos sin percatarse que la vía inglesa para afrontar la pandemia no funcionan ni en Inglaterra donde la monarca ha sido puesta en cuarentena y el primero de la línea sucesoria ha dado positivo por COVID-19.

Estamos frente a un mundo en despliegue en el que la sobreexposición de la OMS es, por un lado, la extensión de la razón instrumental que ha puesto a la economía como un campo al margen de la democracia, una razón epidémica que juega también un papel fundamental para la gestión discursiva de una gestión económica que nos hará pagar a los de siempre. La razón epidémica nos invita a pensar el día después, justo como lo que hace Zizek, pensar que el día después del virus será también el día después del capitalismo, no se detiene a mirar como desde el capital se está gestionando la situación, su goce (el de Zizek) es el de las revoluciones sin sujetos y el virus su realización.

Por todo ello muy mal haríamos si en esta oportunidad volvemos a pensar que la realidad es siempre resultado de grandes saltos que se producen sin solución de continuidad, muy mal haríamos si no atendemos a que los mundos del futuro no solo se producen, sino que se gestionan en el hoy, que aplaudir al personal sanitario desde nuestros balcones no está mal, pero mientras aplaudimos otras hipotecan el presente determinando las formas en las que se gestionará un futuro en el que el capital sea haga inmune al COVID-19.

Hoy cuando se acuden a fórmulas discursivas que abogan por un nuevo Plan Marshall habría que señalar que esta vez hay diferencia fundamental con el contexto de la posguerra, hoy no hay comunismo que combatir, hoy no se apuesta por el estado de bienestar porque el enemigo es otro, por ello en el presente los pueblos del sur importan mucho menos, no importa su reconstrucción porque esta ya no parece como necesaria, hoy la destrucción del sur no representa un problema, el virus lo pagamos los de siempre mientras la elite mira la destrucción como si preparan la nave espacial para abandonar el planeta.

Economía política de una pandemia

economia politica de una pandemia

Según las cifras ofrecidas por el mapa interactivo creado por el Centro John Hopkins de Ciencia e Ingeniería para hacer seguimiento, en tiempo real, a la expansión global del COVID-19, el número de fallecidos por caso confirmado esta cerca del 4%. Por lo que ha ido publicándose, hasta ahora, el sector más afectado es el de los adultos mayores, sobre todo a partir de los 70 años, y lo que hasta hace unas semanas era tratado por los medios europeos como una gripe nueva a la que había que prestarle un poco más de atención ha terminado en el confinamiento de toda Europa Occidental, la suspensión temporal del Schengen y la negativa por parte del Eurogrupo de aprobar el monto solicitado por España e Italia para hacer frente a la crisis económica derivada del confinamiento de la población.
Mientras tanto aumentan los casos en el mundo, y también van aumentando los Estados que van tomando medidas similares a las ya iniciadas por Italia hace poco más de una semana. Sin embargo, es llamativo ver cómo todo esto ocurre con total naturalidad, la población acepta con “civismo” el confinamiento, incluso algunos se convierten en baluartes de la solidaridad al denunciar a quienes se atreven a quebrantar la incuestionable medida de confinamiento, sin percatarse que los medios de comunicación que inducen esta actitud cívica nada dicen sobre él no confinamiento del capital financiero.
Lo estados cierran sus fronteras, las personas aceptan que se les confine en su casa, bueno los que tienen casa donde ser confinados, mientras la globalización tan festejada por la élite global muestra cómo es una gran ficción para ocultar que solo se trata de la libre circulación del capital financiero, no importa nada más. Una vez más se muestra como el sistema-interesatal global es fundamental para la circulación y la acumulación, que eso que llaman el capital trasnacional no existiría sin las facilidades que otorgan los Estados para su existencia. Hoy por hoy lo que se despliega ante nuestras narices es justo lo contrario a lo que la economía política posmoderna nos ha hecho pensar, la soberanía es un principio fundamental tanto del sistema interestatal, como de la economía mundo capitalista.
En este sentido, estamos viendo cómo la imposibilidad de una estrategia conjunta para afrontar la “emergencia” en la Unión Europea, es decir, de las diferencias entre Estados Soberanos, es la ilustración de cómo el norte de Europa no tiene intención de actuar de manera conjunta para hacer frente a la grave situación económica que ya se avizora, porque al norte de Europa no le interesa una gestión en la que tengan que colocarse a nivel de países como España, Italia, Portugal o Grecia, recordemos que para la verdadera Europa estos países constituyen el grupo de los PIGS.
Tampoco esperemos mucho de la OEA, cuyo objetivo es básicamente desestabilizar gobiernos y gestionar golpes de estado dirigidos por Estados Unidos. Mucho menos pensar que el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas hará algo al respecto, incluso cuando lo que estamos viendo es que en la medida en la que crecen los número de infectados los Estados responden tomando medidas que están reservadas, en cada una de sus marcos legales, para atender y/o enfrentar momentos de guerra.
Ante una enfermedad que tiene una tasa de mortalidad del 4%, es decir, que en términos absolutos y lineales mataría a un número de personas equivalente a la élite más rica del planeta, esta misma élite se rehúsa a detener el casino, piden que los estados se hagan cargo de los trabajadores cuando los trabajadores se tuvieron que hacer cargo de ellos en el 2008, piden moratoria de impuestos cuando son los que más impuestos evaden y sostienen a los bancos de los paraísos fiscales. Piden nuevamente que para salvarse ellos se sacrifique e
al resto, es decir, al otro 96%, pretenden que los de siempre paguen mientras ellos disfrutan su confinamiento en Marbella, porque simplemente no es verdad que las grandes fortunas del mundo desaparecerán si se hacen cargo de los trabajadores que han creado esas fortunas.
La economía política de la “pandemia” nos deja claro que cuando por los medios dicen “primero la salud, luego veremos la economía”, simplemente nos están escondiendo que esta “crisis” la pagamos dos veces. La primera, porque al no ser lineal, son las poblaciones de más escasos recursos los que más probabilidad tienen de sufrir un desenlace fatal, y porque luego esas mismas poblaciones tendrán que asumir la carga de una élite que lo único que sabe hacer es externalizar costos, socializar las crisis y privatizar los beneficios.
Por ello, no está mal cantar desde los balcones, los que aún los tenga, esta bien aceptar que por razones sanitarias debemos permanecer en casa, bueno para quienes no son obligados y obligadas a trabajar, pero es inaceptable el confinamiento mental al que nos quieren volver a someter, porque mientras A. Sanz y Juanes nos entretienen con un concierto por internet, nos están haciendo creer que otra vez debemos pagar lo que el capital no quiere pagar, otra vez el libre mercado le exige a los Estados intervenir para salvarlo a él y no a nosotros y nosotras.
Una economía política de la “pandemia” nos permite ver en todo su despliegue lo fastuoso y terriblemente fetichista de este totalitarismo de mercado en el que vivimos.

Confinemos al capital, detengamos la pandemia económica

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El pasado sábado 14 de marzo, luego de un largo consejo de ministros, el gobierno PSOE-PODEMOS presentó el decreto de alarma para el conjunto del Reino de España. En una comparecencia telemática el presidente Sánchez, en la mejor representación de una escena de Independence Day, Pacific Ring u otra película por el estilo, hizo gala de un patrioterismo que encubre la incapacidad para pensar soluciones radicales a las consecuencias económicas que ya le muestra su rostros, a los de siempre, a los más vulnerables  y más aún a los vulnerables no españoles, migrantes.

El discurso humanitario de Sánchez reproduce la retórica de la modernidad y su lógica sacrificial, en este caso es el momento del confinate o te mato, un confinamiento que ha desatado un contagio masivo de despidos temporales (ERTES y ERES), una epidemia cuya velocidad es muchas más alta que la de la propagación del coronavirus, y que va de la mano de empresas que amenazan con un ERE a los trabajadores que no asistan a sus puestos de trabajo, confinate o te mato porque los trabajadores deben decidir si atienden al estado de alarma o a tienden a la presión de sus patrones. Todo esto ocurre ante la inerme acción un gobierno “progresista” que ha postergado las medidas económicas para el próximo martes.

Nada dicen de qué pasará con los autónomos, tampoco aclaran quién pagará la factura de lo hoteles hechos hospitales, solo se dedican al vitoreo del personal sanitario y hablan del gran esfuerzo que este personal está realizando. El consenso epidémico evita hablar de cómo el coste humano sería mucho menor si no fuese porque llevan más de una década recortando la sanidad pública, y es que en medio de una crisis sanitaria ni siquiera se proponen aumentar la cifra de trabajadores de la salud a magnitudes similares a las que había en 2010.

Todo lo contrario, en materia económica, las palabras de Sánchez fueron un discurso por arte de birlibirloque, que adornado con un “´ponemos en el centro de nuestras prioridades la salud del conjunto de la población española, de las personas”, dejó caer que en materia económica “las medidas que vamos a tomar son drásticas y tendrán desgraciadamente consecuencias”, de allí en adelante se dedicó a sacar más a sacar la bandera que a detallar las medidas en concreto, durante más de una hora no respondió una sola de las interrogantes que en materia económica se hace la población, por el contrario corrió la pelota hasta el próximo consejo de ministros.

Mientras tanto, las cifras mundiales de contagiados es de 156.400 personas, los fallecidos 5883 (3,8% de los infectados) y los casos de recuperación ascienden a 73.968, es decir, el 47,3% de los infectados ya se han recuperado. Con números tan alentadores cuesta entender los niveles de pánico que se han sembrado en la población a través de los medios de comunicación, el más reciente las declaraciones del gobierno francés, quien haciendo eso eco de un rumor, afirmó que estaba contraindicado el consumo de ibuprofeno, cuestión que ha sido ampliamente desmentida.

Resalta también como en el sur de Europa se aplica un “plan de choque sanitario” que ya se ha dicho va de la mano de un “plan de choque económico”, mientras el norte de Europa ha asumido una actitud, digamos, más ligera frente a esta pandemia. Por ejemplo, en Alemania  Merkel se ha puesto en lo peor y ha declarado personal y públicamente que «dado que no contamos con vacuna ni terapia, entre un 60% y un 70% de la población terminará contagiada, una tranquilidad que ha quedado superada en la medida en la que aumentan la cifra de positivos en ese país. La pregunta que se abre es quienes pagarán el costo del endeudamiento alemán.

En este escenario bien harían los socios de gobierno recordarle al presidente Sánchez que el capital es una relación social, que si de verdad le importa la vida de la gente no solo hay que confinar a las personas en sus hogares, sino confinar al capital, de lo contrario el catarro de la economía tras esta pandemia tendrá más víctimas que las que ha presentado el coronavirus, su velocidad de propagación será exponencialmente mayor y sus costos vitales incalculables.

 Humildemente considero que quienes de verdad están comprometidos con la vida de la gente y no con la reproducción del capital deben liderar iniciativas ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que, como he dicho, confinen al capital para evitar la factura ya se nos intenta cobrar.